{"id":437008,"date":"2018-07-31T02:08:14","date_gmt":"2018-07-31T02:08:14","guid":{"rendered":"https:\/\/essaypaper.org\/panorama-delictivo-municipal-e-imaginarios-en-torno-a-los-delincuentes\/"},"modified":"2018-10-24T09:16:59","modified_gmt":"2018-10-24T09:16:59","slug":"panorama-delictivo-municipal-e-imaginarios-en-torno-a-los-delincuentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/panorama-delictivo-municipal-e-imaginarios-en-torno-a-los-delincuentes\/","title":{"rendered":"Panorama delictivo municipal e imaginarios en torno a los delincuentes"},"content":{"rendered":"<p>Sin embargo, el cambio de siglo ha tra\u00eddo m\u00faltiples transformaciones que han afectado a todo M\u00e9xico, pero en especial dos grandes procesos se entrecruzan en Atoyac de \u00c1lvarez: por un lado la institucionalizaci\u00f3n de la b\u00fasqueda de verdad y justicia en torno a las vejaciones producidas durante la contrainsurgencia, que se inaugur\u00f3 en 2002 (Dutr\u00e9nit y Arg\u00fcello, 2011), pero tambi\u00e9n la persistencia de formas de ejercicio del poder pol\u00edtico que responden a l\u00f3gicas extractivistas y recurren al homicidio como medio de eliminar a opositores pol\u00edticos. Ello se combin\u00f3 con una creciente inestabilidad en las alianzas de los grupos delictivos existentes y su franca atomizaci\u00f3n una vez que la denominada \u2018guerra contra el narcotr\u00e1fico\u2019 fue declarada por el entonces presidente Felipe Calder\u00f3n en el a\u00f1o 2007; desde entonces, diversas formas de violencia se han vuelto extremadamente comunes en Guerrero, aunque en el caso de Atoyac, las huellas de la violencia contrainsurgente reemergen a la luz de nuevas desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y secuestros.1. Panorama delictivo municipal e imaginarios en torno a los delincuentes<br \/>\n Durante las primeras d\u00e9cadas del siglo XXI Guerrero se ha caracterizado por ser una entidad federativa catalogada como \u2018muy violenta\u2019, pues entre 2014 y 2015 ocup\u00f3 el primer lugar nacional en homicidios con casi 43 homicidios por cada 100 mil habitantes y estar dentro de los primeros 6 lugares a nivel nacional en cuanto al n\u00famero de secuestros por cada 100 mil habitantes . A ra\u00edz de la \u2018guerra contra el narcotr\u00e1fico\u2019, los homicidios denunciados ante el ministerio p\u00fablico en el municipio se incrementaron a partir de 2007, alcanzando una cifra in\u00e9dita en 2012, tras superar las 100 denuncias. En el rubro de los robos, el promedio de denuncias anuales entre 2000 y 2010 rondaba los 50 casos, pero entre 2011 y 2014 este promedio aument\u00f3 a 144.75, es decir, pr\u00e1cticamente se triplic\u00f3. Seg\u00fan estimaciones del INEGI, menos de dos delitos por cada diez que ocurr\u00edan eran denunciados en 2013, es decir, el subregistro de delitos en M\u00e9xico rondaba el 90%; de aquellos delitos denunciados, menos del 10% deriv\u00f3 en averiguaciones previas . En cuanto a los secuestros, la dificultad para determinar las cifras es mayor: s\u00f3lo uno de cada cien secuestros se denunciaba en 2015, seg\u00fan estimaciones del INEGI , aunque existiera registro de su incidencia en la prensa .<br \/>\n Cuadro 1<br \/>\n Elaboraci\u00f3n propia con datos de mortalidad por homicidio del INEGI (2000-2014) e INAFED, \u201cPrincipales delitos del fuero com\u00fan registrados en averiguaciones previas, 2000-2014\u201d: www.inafed.gob.mx\/work\/siha_2015\/2\/2_2\/2_2\u2026\/siha_2_2_4_9.xlsx, consultado el 17 de noviembre de 2015.<br \/>\n Ahora bien, el tema con las estad\u00edsticas delictivas es que pretenden ser instrumentos de medici\u00f3n de \u2018lo real\u2019 (Comaroff y Comaroff, 2006), para \u2018diagnosticar\u2019 el desorden o la calidad de la \u2018gobernabilidad\u2019, y contribuyen a construir la percepci\u00f3n de un \u2018ba\u00f1o de sangre generalizado\u2019 -debido a la permanente cobertura medi\u00e1tica de hechos delictivos. Las cifras circulan en un mar de notas amarillistas que dan cuenta de sucesos particulares descontextualizados, as\u00ed que esta producci\u00f3n de \u2018lo real\u2019 tiende a ocultar las razones de la violencia y producir una percepci\u00f3n de inseguridad y riesgo generalizado, omitiendo que el \u2018ba\u00f1o de sangre\u2019 no es para todos: se dirige a ciertos sectores sociales y se ubica en determinadas \u00e1reas geogr\u00e1ficas. Probablemente ello diera pie a que ciertos temas recurrentes cotidianos en Atoyac giraran en torno a individuos y hechos vinculados con actividades delictivas, a trav\u00e9s de los cuales se establec\u00edan l\u00edmites imaginarios entre quienes delinquen y quienes no, moldeando tambi\u00e9n diversas formas de interactuar seg\u00fan los espacios y contextos en que ocurriesen tales intercambios, como un efecto de la violencia cr\u00f3nica expresada a trav\u00e9s de las figuraciones de lo social (Feldman, 1995).<br \/>\n Asimismo, las actividades delictivas y las formas de violencia que emplean tambi\u00e9n afectan las maneras de construir a los \u2018nosotros\u2019 (Broch-Due, 2005). \u00bfC\u00f3mo se define a quienes cometen delitos en tales circunstancias? A los delincuentes en abstracto se les consideraba \u2018gente floja\u2019, \u2018sin valor de vida, dispuestos a todo\u2019. Perder tal cualidad transformaba a esos otros en seres incapaces de la empat\u00eda: al carecer de temor a la muerte, se hab\u00edan deshumanizado; tal construcci\u00f3n bordeaba una muy delgada l\u00ednea entre el asombro producido por la idea de la ausencia de temor a la muerte, y la demonizaci\u00f3n de los criminales como seres subhumanos que deber\u00edan ser exterminados, por ser ellos mismos fuente de exterminio (Taussig, 2003). Ello puede leerse como una evidencia de la percepci\u00f3n de extrema fragilidad de la vida de todos aquellos que estuvieran expuestos a quienes \u2018andan mal\u2019. Incluso se pensaba que algunos delincuentes pod\u00edan ser considerados como seres esencialmente inhumanos, cuya propensi\u00f3n al delito era \u2018hereditaria\u2019: hab\u00eda quienes sosten\u00edan la existencia de familias enteras dedicadas al \u2018il\u00edcito\u2019, denominadas como \u2018alacranes\u2019, inmundos, ponzo\u00f1osos y rastreros, que constituyen figuras ampliamente despreciadas en el imaginario judeocristiano. Pero esa esencialidad tend\u00eda a ser m\u00e1s imputada a medida que los delincuentes pertenec\u00edan a sectores socioecon\u00f3micos desfavorecidos.<br \/>\n Ahora bien, identificar a \u2018ma\u00f1osos\u2019 o \u2018alacranes\u2019 pasaba por la sospechar c\u00f3mo eran capaces de mantener un nivel de vida que dif\u00edcilmente la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n podr\u00eda costear: llevar una \u2018buena vida\u2019 en medio de altos niveles de pobreza constitu\u00eda un \u00edndice de dedicarse al narco, al robo o al secuestro. Estas delimitaciones tambi\u00e9n implicaban una suerte de condena contra el arribismo y el ascenso social de los \u2018nuevos ricos\u2019. Sin embargo, es claro que a las condiciones materiales deben a\u00f1adirse otras consideraciones m\u00e1s \u2018morales\u2019: diversas problem\u00e1ticas sociales est\u00e1n asociadas con transformaciones macroecon\u00f3micas que modifican vertiginosamente las relaciones sociales, y evidencian el choque de racionalidades distintas, algunas m\u00e1s campesinas, otras m\u00e1s urbanas: por ejemplo, en un poblado llamado El Quemado algunos habitantes mayores de 60 a\u00f1os consideraban que la mayor propensi\u00f3n a \u2018andar mal\u2019 se produc\u00eda por la falta de respeto a los mayores. Es decir, la asociaci\u00f3n entre juventud y criminalidad tambi\u00e9n pasaba por atribuir una actitud poco deferente hacia las personas mayores a la b\u00fasqueda de dinero, lo cual podr\u00eda leerse como la confrontaci\u00f3n de una l\u00f3gica de actos \u201cdesinteresados\u201d (Bourdieu, 1991) fundados en el prestigio comunitario, con otra de tipo mercantilista, interpretada como una motivada por la codicia, que se asume como la ra\u00edz de los actos de insolencia y drogadicci\u00f3n da\u00f1inos para la comunidad asociados a los j\u00f3venes. Este aparente sinsentido era un indicio de los efectos de m\u00faltiples desestructuraciones y reestructuraciones sociales producidas por la apertura de nuevos mercados \u2013como el de las drogas- as\u00ed como el avance de jugosos negocios trasnacionales extractivos, con las consecuentes formas de violencia empleadas para introducirlos (Bourbaki, 2011; S\u00e1nchez, 2006).<br \/>\n Los que andaban \u2018mal\u2019 tambi\u00e9n sol\u00edan estar asociados con el consumo de alcohol; se asum\u00eda que sus familias estaban desintegradas, como se describ\u00eda a j\u00f3venes de entre 14 y 16 a\u00f1os que perpetraron un asesinato en la zona de tolerancia en noviembre de 2007 . Adem\u00e1s, tambi\u00e9n se les ubicaba como residentes de colonias recientemente creadas y con pocos servicios p\u00fablicos, como la 18 de Mayo, El Tanque, La Florida, Zacualpan, Acapulquito y Alcholoa, todas ellas ubicadas en la cabecera municipal. Ello da cuenta de una estigmatizaci\u00f3n de la \u2018pobreza\u2019: son los j\u00f3venes de esas colonias \u2018marginadas\u2019 quienes carecen de acceso a espacios y actividades que potencien sus capacidades y les abran otros horizontes para su desarrollo personal. Se despliega entonces una serie de discursos que impl\u00edcitamente criminalizan la pobreza (Wacquant, 2006); por ejemplo, en la Colonia 18 de mayo abundan las casas que no poseen drenaje, otras no tienen piso de cemento, y el agua entubada tampoco est\u00e1 accesible para todos \u2013adem\u00e1s de que la disponible no es potable, por estar fuertemente contaminada. A su vez, tales condiciones de miseria y marginaci\u00f3n son una expresi\u00f3n de la violencia estructural.<br \/>\n 2. La espacialidad mediada por los homicidios: lo p\u00fablico y lo dom\u00e9stico<br \/>\n La constante incidencia de homicidios establece toda una serie de c\u00f3digos de comportamiento en el espacio p\u00fablico: desde lo que se puede decir hasta lo que se debe aparentar. El tipo de muerte define las actitudes y formas de intercambio en situaciones convencionales como los velorios que, como en muchos otros poblados de M\u00e9xico, en Atoyac se llevan a cabo en la calle. Pongamos por ejemplo uno que ocurri\u00f3 debido a una muerte natural por oposici\u00f3n a uno producido por un homicidio, tal como constat\u00e9 durante mi estancia en 2014. En el primer caso como el difunto era un hombre mayor, la disposici\u00f3n de los asistentes era relajada y cualquier tema de conversaci\u00f3n circulaba. Por el contrario, el velorio de un polic\u00eda ministerial asesinado por soldados , a pesar de ser m\u00e1s concurrido, se notaba tenso y con escasa conversaci\u00f3n entre los asistentes.<br \/>\n En situaciones m\u00e1s cotidianas, hab\u00eda temas que era impertinente abordar en la calle o entre extra\u00f1os; hasta hace algunos a\u00f1os la \u2018guerra sucia\u2019 era un tema tab\u00fa, aunque luego del proceso de judicializaci\u00f3n de la b\u00fasqueda de verdad y justicia se ha transformado un poco esta din\u00e1mica (Arg\u00fcello, 2016). No obstante, otras fuentes emergentes de homicidios, como actividades atribuidas al crimen organizado, producen nuevas limitantes sobre lo que se puede enunciar y lo que no. Hablar de homicidios en espacios p\u00fablicos con desconocidos revelaba restricciones asociadas con la edad de los involucrados; por ejemplo, conversar sobre un homicidio en el transporte p\u00fablico puede provocar clara incomodidad entre los pasajeros, tal como ocurri\u00f3 en uno de mis constantes traslados dentro de la cabecera municipal, cuando una se\u00f1ora de aproximadamente 80 a\u00f1os relat\u00f3 que su hija y nietas se fueron a la Ciudad de M\u00e9xico cuando su yerno fue asesinado, mientras otros pasajeros m\u00e1s j\u00f3venes nos miraban at\u00f3nitos y extra\u00f1ados.<br \/>\n En este sentido, no se puede charlar con cualquiera de cualquier cosa en cualquier contexto. Para una de mis informantes, que trabajaba y viv\u00eda en una casa acondicionada como merendero, las paredes o\u00edan: siempre que habl\u00e1bamos de temas delicados \u2013como asesinatos o secuestros-, se asomaba a la calle para mirar qui\u00e9n estaba afuera. Su explicaci\u00f3n era que esto lo aprendi\u00f3 luego que asesinaron a un t\u00edo suyo por la espalda, por \u2018descuidarse\u2019. En m\u00faltiples ocasiones diversos pobladores desplegaban un amplio repertorio de gestos corporales como voltear a los lados, bajar la voz y enunciar frases muy cuidadas, tanto en el merendero como en espacios menos p\u00fablicos, como el hogar de un activista o el autom\u00f3vil de un empleado gubernamental. La coincidencia en torno a estas actitudes corporales era que emerg\u00edan temas relativos a la producci\u00f3n y tr\u00e1fico de goma de opio en poblados de la Sierra.<br \/>\n Por otro lado, adem\u00e1s de lo que se verbaliza, otras formas de comunicar tambi\u00e9n son importantes cuando se est\u00e1 en p\u00fablico: es preciso cuidar con qui\u00e9n se es visto al estar en la calle, lo cual entra\u00f1a que el espacio p\u00fablico es muy limitante, pues no cabe la espontaneidad y se debe ser muy cauteloso. Otro poblador, que en 2014 rondaba los 32 a\u00f1os de edad, coment\u00f3: \u201cyo ando solo en la calle para que no me vean con gente, \u00bfqu\u00e9 tal que tienen problemas y me pasan a traer?\u201d. As\u00ed, en la cabecera municipal era evidente que los espacios dom\u00e9sticos tend\u00edan a percibirse como m\u00e1s \u2018seguros\u2019 y los espacios p\u00fablicos como m\u00e1s \u2018inseguros\u2019: cuando el merendero cerraba, se transformaba en un espacio dom\u00e9stico y la convivencia en su interior era m\u00e1s espont\u00e1nea, aunque cuando ello ocurr\u00eda ya era posible escuchar balaceras en la calle, hacia las 11 p.m. En agosto de 2017 me comuniqu\u00e9 con una de las habitantes del merendero, y coment\u00f3 que estaban cerrando a las 9 de la noche, porque a esa hora dejaba de haber gente en la calle, debido al aumento del hallazgo de cad\u00e1veres en el municipio. Esta din\u00e1mica de refugio en los espacios dom\u00e9sticos parece ser otra de las consecuencias de la violencia cr\u00f3nica que se vive desde hace d\u00e9cadas en el municipio. Nordstrom (1995) se\u00f1alaba que en Mozambique la m\u00e1xima de los tres monos sabios que prescrib\u00eda \u201cNo ver, no o\u00edr y no hablar\u201d era parte de la disposici\u00f3n cotidiana de los pobladores; en Atoyac, a tal m\u00e1xima debe a\u00f1adirse el \u201cno parecer\u201d, y ello es muy complejo, por toda la serie de intercambios que se realizan en el d\u00eda a d\u00eda.<br \/>\n A ra\u00edz de la desaparici\u00f3n de los 43 estudiantes normalistas ocurrida el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, la plaza p\u00fablica \u2013el z\u00f3calo- como \u00e1gora (Habermas, 1986; Rabotnikof, 2006) claramente se torn\u00f3 en una fuente de temor: se rumor\u00f3 que habr\u00eda ataques contra los manifestantes que exig\u00edan la presentaci\u00f3n con vida de los 43 normalistas desaparecidos, en clara referencia a la Masacre del 18 de mayo de 1967, acontecimiento que precipit\u00f3 la emergencia de la guerrilla en Atoyac y ocurri\u00f3 en esa misma plaza (Arg\u00fcello, 2016; Bellingeri, 2006). El temor era tambi\u00e9n patente entre comunicadores: el cronista municipal conduc\u00eda un noticiario local de un canal de paga, y era usual que le solicitaran denunciar al aire il\u00edcitos que involucraban a presuntos delincuentes y agentes institucionales, ante lo cual \u00e9l respond\u00eda que s\u00f3lo lo har\u00eda si publicaba el nombre de los denunciantes. Me explic\u00f3 que, de no hacerlo as\u00ed, \u00e9l se meter\u00eda en \u2018problemas\u2019, pues \u201cpor cada persona que se\u00f1ales, hay dos m\u00e1s apunt\u00e1ndote\u201d, signo del riesgo en que los periodistas se hallan en M\u00e9xico, considerado uno de los pa\u00edses m\u00e1s peligrosos para ejercer tal profesi\u00f3n .<br \/>\n En 2010 la poblaci\u00f3n en todo el municipio superaba los 61 mil habitantes, de los cuales poco m\u00e1s de 21 mil se concentraban en la cabecera municipal. En entornos m\u00e1s peque\u00f1os la existencia de espacios \u2018seguros\u2019 era menos evidente; espec\u00edficamente en El Quemado, cuya poblaci\u00f3n rondaba los 1000 habitantes, y en 1972 fue asediado por el ej\u00e9rcito en su labor contrainsurgente (COMVERDAD, 2014), hice trabajo de campo y colabor\u00e9 como docente en la Preparatoria Popular de El Quemado. En una ocasi\u00f3n un padre de familia me pidi\u00f3 informar sobre la desaparici\u00f3n de los 43 estudiantes normalistas durante un acto c\u00edvico, aduciendo que mi calidad de fuere\u00f1a me permit\u00eda enunciar m\u00e1s temas pol\u00edticos sin el temor que los lugare\u00f1os ten\u00edan. Luego sali\u00f3 a la luz que en ese poblado \u2013cuyos habitantes hab\u00edan descrito como tranquilo y arm\u00f3nico-, una pareja desapareci\u00f3 tras ser sustra\u00edda de su vivienda una noche de septiembre de 2013. Tras varias visitas y d\u00edas de estancia continua en el poblado la informaci\u00f3n comenz\u00f3 a fluir, siempre de manera forma fragmentaria y a cuentagotas. Esto es sintom\u00e1tico de los c\u00f3digos de silencio y precauci\u00f3n en torno a lo que se enuncia, como producto de las diversas fuentes de violencia homicida, que mi proceso de indagaci\u00f3n del hecho ilustra bien.<br \/>\n Al hacer un cruce de diversas fuentes, result\u00f3 que todas las versiones recabadas coincid\u00edan en que la se\u00f1ora desaparecida era muy religiosa, realiz\u00f3 una denuncia p\u00fablica sobre el robo de su cosecha de caf\u00e9 a trav\u00e9s del micr\u00f3fono que en el poblado se usaba para dar anuncios, y espet\u00f3 fuertes condenas morales contra los ladrones. La noche del suceso a su esposo se lo llevaron tambi\u00e9n; una hija y dos nietos quedaron ocultos en la vivienda y por ello dieron parte a la autoridad de la desaparici\u00f3n. Otros detallaron que esa pareja ten\u00eda un hijo militar, y que eso estimul\u00f3 que elementos de la Marina llegaran a catear casas con motivo de esa desaparici\u00f3n. Ahora bien, m\u00e1s all\u00e1 de los \u2018hechos\u2019, resalta que los motivos coincidieran en que denunciar, como un acto p\u00fablico, trae consecuencias fatales; pareciera entonces que la denuncia se concibe como una afrenta al estado de impunidad que el silencio promueve, porque el contexto de denuncia est\u00e1 configurado por la ineficacia de las instituciones de justicia, te\u00f3ricamente obligadas a combatir la impunidad. El riesgo percibido era patente en las mismas actitudes que tomaban los pobladores cuando narraban detalles: una pareja que inicialmente omiti\u00f3 el suceso afirm\u00f3 que \u2018ellos no oyeron nada\u2019 y se enteraron por los comentarios de \u2018la gente\u2019, a pesar de vivir relativamente cerca de donde ocurrieron los sucesos. Aunque el marido parec\u00eda m\u00e1s dispuesto a abundar en detalles, tras ciertos gestos de su esposa se limit\u00f3 a decir \u201cahora no se sabe nada, nadie sabe por qu\u00e9 pasan las cosas y nadie le busca m\u00e1s\u201d; su esposa cerr\u00f3 el t\u00f3pico apuntando \u201cya sabe, en boca cerrada\u2026\u201d, mientras colocaba su dedo \u00edndice frente a su boca, en se\u00f1al de callarse. Otro poblador m\u00e1s joven s\u00ed se atrevi\u00f3 a dar su punto de vista: \u00e9l sospechaba que la se\u00f1ora acudi\u00f3 a hacer la denuncia con la polic\u00eda y los mismos polic\u00edas avisaron a los implicados. Esto \u00faltimo implica no s\u00f3lo la complicidad entre criminales y sus presuntos persecutores, sino la percepci\u00f3n de un estado de indefensi\u00f3n.<br \/>\n De cualquier forma, fue muy com\u00fan que diversos pobladores se disculparan por no abordar el tema, explicando que algunos de sus vecinos eran de \u2018ese grupo\u2019, por lo cual tem\u00edan que los escucharan platicar: de esta forma, si consideramos lo p\u00fablico como el espacio social construido mediante el intercambio y circulaci\u00f3n de discursos entre extra\u00f1os (Warner, 2002), las pr\u00e1cticas discursivas en torno a diversas formas de violencia homicida revelan que esta \u00faltima es un factor importante en la imposibilidad de su formaci\u00f3n, pues ese tipo de discursos s\u00f3lo circulan libremente entre conocidos. En El Quemado esto s\u00f3lo puede ocurrir entre \u00edntimos, porque pr\u00e1cticamente todos se conoc\u00edan, y parec\u00eda que las l\u00f3gicas de silencio que sancionan las \u2018delaciones\u2019 predominaban, debido al papel jugado por las falsas delaciones en la detenci\u00f3n de todos los habitantes varones mayores de 15 a\u00f1os ocurrida en marzo de 1972 durante la Operaci\u00f3n Plan Telara\u00f1a (COMVERDAD 2014). Ello explica que ni siquiera en los espacios \u2018dom\u00e9sticos\u2019 circulasen libremente estos discursos, porque en realidad la distinci\u00f3n entre el afuera y el adentro no era muy clara, dado que no eran extra\u00f1os, y las \u2018delaciones\u2019 pod\u00edan ser fatales. De esta forma, atribuir que una persona desaparezca por realizar una denuncia da cuenta que las m\u00faltiples violencias yuxtapuestas producen una situaci\u00f3n de violencia cr\u00f3nica (con la consecuente desconfianza generalizada y temor hacia los otros), producida tambi\u00e9n por la acci\u00f3n de micro soberan\u00edas de facto que producen una permanente incertidumbre en torno a la preservaci\u00f3n de la vida (Hansen y Stepputat, 2006).<br \/>\n 3. Los homicidios y la impunidad: entre la magia y la justicia privada<br \/>\n Esto nos lleva a la cuesti\u00f3n de la impunidad como signo de estar por encima de la ley \u2013no fuera de ella-, que es la prerrogativa del soberano a la hora de ejercer su decisi\u00f3n sobre la vida y la muerte (Agamben, 1998). Es preciso advertir que, durante el trabajo en campo, las m\u00faltiples entrevistas y conversaciones evidenciaron que el recurso del homicidio como medio para \u2018saldar cuentas\u2019 era bastante aceptado, o al menos normalizado, como un motivo para ser asesinado (Arg\u00fcello, 2016). Esto es algo bastante com\u00fan en din\u00e1micas sociopol\u00edticas donde la presencia del estado se halla en constante cuestionamiento por parte de intereses privados a niveles meso y microsociales; Gambetta (2007) ha estudiado al respecto las l\u00f3gicas de las vendettas en Sicilia y la dificultad de cortar las espirales de violencia que se abren mediante los homicidios. No obstante, resulta sumamente interesante explorar leyendas y creencias vinculadas con formas indirectas de consumar homicidios, pues permite comprender l\u00f3gicas locales de la justicia privada. Hab\u00eda quienes cre\u00edan que si alg\u00fan familiar hab\u00eda sido asesinado y no se ten\u00eda los medios para vengarlo, en su funeral deb\u00eda colocarse una moneda de 5 centavos de cobre (un \u2018cinco\u2019) bajo su lengua, para garantizar que el asesino fuera asesinado. Incluso circulaban historias sobre velorios recientes a los que hab\u00edan acudido grupos armados exclusivamente para retirar el \u2018cinco\u2019 del cad\u00e1ver \u2013se entiende que eran del grupo contrario y buscaban evitar el asesinato del perpetrador. Una se\u00f1ora mayor me confirm\u00f3 haber practicado este ritual el d\u00eda que asesinaron a su esposo, en la d\u00e9cada de 1960, y sostuvo que el homicida falleci\u00f3 8 d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de su esposo.<br \/>\n Es decir, pareciera que bajo la l\u00f3gica de la justicia privada se configuran y se ponen en circulaci\u00f3n diversas leyendas y pr\u00e1cticas concebidas para combatir la impunidad de los homicidios. Contaron en El Quemado que, si uno perd\u00eda un familiar de forma violenta, era preciso enterrarlo con un espejo reflejando su cara, y un pajarillo vivo. As\u00ed el homicida estar\u00eda acosado por los chiflidos del p\u00e1jaro y terminar\u00eda muri\u00e9ndose al no poder ingerir agua, pues el espejo colocado frente al rostro del difunto ten\u00eda la funci\u00f3n de reflejar al homicida el rostro de su v\u00edctima cada vez que deseara tomar agua. En este caso, como en el del \u2018cinco\u2019 bajo la lengua, se buscaba que el homicida no quedase impune, invocando una justicia sobrenatural y remitiendo a una estrecha relaci\u00f3n entre el difunto y su asesino, donde el pajarillo y el espejo podr\u00edan ser interpretados como los medios del primero para \u2018hacerse justicia\u2019 y vengar su propia muerte, al liquidar a su asesino. En otra ocasi\u00f3n contaron sobre la ocurrencia de \u201cbodas negras\u201d, un tipo de ritual en que la profanaci\u00f3n de cad\u00e1veres estaba implicada y consist\u00eda en vestir a uno de ellos con la ropa de la persona a la que se deseaba asesinar y realizar una ceremonia de casamiento entre los dos cad\u00e1veres. Una variante del empleo de rituales religiosos con estos mismos fines era celebrar misas luctuosas en honor de personas vivas, tambi\u00e9n con el objeto de cometer un homicidio. En este sentido, cabe cuestionar si estas creencias son sintom\u00e1ticas de la predominancia percibida de la ley del m\u00e1s fuerte (Derrida, 1992), donde los d\u00e9biles s\u00f3lo pueden recurrir a fuerzas sobrenaturales para buscar justicia, misma que se concibe como justicia privada.<br \/>\n Existe entonces un ir y venir entre la impunidad formal y el castigo privado pues, aunque constantemente no se apliquen los c\u00f3digos legales regidos por la norma moral del \u2018no matar\u00e1s\u2019 y los homicidios, robos o secuestros raramente impliquen la ejecuci\u00f3n de las penas dispuestas en los c\u00f3digos, la justicia por propia mano entra\u00f1a la aplicaci\u00f3n de castigos fuera del marco jur\u00eddico y una especie de combate microsocial a la impunidad. No obstante, ello propicia una suerte de c\u00edrculo vicioso en el que la vida se percibe como algo tremendamente fr\u00e1gil. En alguna ocasi\u00f3n otra informante me coment\u00f3 su decisi\u00f3n de ser m\u00e1s mesurada en su trato con la gente, para evitar el riesgo de ser v\u00edctima de alg\u00fan delito:<br \/>\n Lo mejor es saludar y no intimar con las personas. Y mira que yo era de las que me hac\u00edan algo y no me quedaba callada; me gusta ser directa, pero ahorita no est\u00e1n los tiempos para eso. Hay que evitar problemas.<br \/>\n Y es que los \u2018problemas\u2019 pueden conllevar una muerte violenta, y quien en ellos se mete puede acabar como un cuerpo abandonado, a veces an\u00f3nimo, arrojado como basura en parajes deshabitados. En Atoyac, las v\u00edctimas de muerte violenta ten\u00edan ciertos puntos de dep\u00f3sito: la prensa daba pistas sobre los entornos en que eran com\u00fanmente hallados los cad\u00e1veres, que pod\u00edan ser parajes poco transitados en la Sierra, o ubicarse en poblados fronterizos con otros municipios, en clara correspondencia con el car\u00e1cter ambiguo caracter\u00edstico de este tipo de territorios (Contreras y Palacios, 2013). As\u00ed fue como el poblado de la Zuzuca, colindante con el municipio de Tecpan de Galeana, se constituy\u00f3 en un tiradero de cad\u00e1veres maniatados y con el \u2018tiro de gracia\u2019, signos de haber sido presas del crimen organizado. Era por todos sabido que los cuerpos ah\u00ed encontrados no har\u00edan que el Ministerio P\u00fablico realizara verdaderas indagaciones, por ser imputados al \u2018narco\u2019; es decir, porque las v\u00edctimas \u2018se lo buscaron\u2019 y tal estigmatizaci\u00f3n implicaba que no merec\u00edan la justicia dispuesta en los c\u00f3digos legales. Y es as\u00ed como la dicotom\u00eda entre la inocencia y la culpabilidad como absolutos refuerza los procesos de demonizaci\u00f3n de quienes son tachados de criminales, justificando la inacci\u00f3n de los agentes institucionales.<br \/>\n En este entorno, se dec\u00eda que los atoyaquenses eran adeptos a las noticias amarillistas, por lo cual propuestas period\u00edsticas con contenidos m\u00e1s reflexivos, como el diario El Sur, eran poco atractivas \u201cporque no trae muertos\u201d. Y es que las notas e im\u00e1genes de cuerpos mutilados y mancillados que aparec\u00edan en la nota roja \u2013eufem\u00edsticamente llamada \u2018policiaca\u2019- se esparc\u00edan en forma de rumores (Das 2007), constituy\u00e9ndose en verdaderos mensajes macabros. Adem\u00e1s, la necesidad de informaci\u00f3n tambi\u00e9n jugaba un papel importante en estas preferencias: desde que aumentaron los homicidios en 2007, muchos pobladores que ten\u00edan familiares desaparecidos, emigrados a otros municipios, o claramente involucrados en actividades il\u00edcitas, comenzaron a recurrir a la nota roja con la esperanza de tener alguna pista sobre su paradero. Esto no es descabellado, pues hasta abril de 2017 Guerrero encabezaba la lista de entidades federativas con 195 fosas clandestinas halladas .<br \/>\n 4. Los secuestros nuestros de cada d\u00eda<br \/>\n Un fen\u00f3meno delictivo sobresal\u00eda en los temores cotidianos de muchos habitantes de la cabecera municipal: el secuestro. Escuch\u00e9 afirmar a alguien: \u201cAtoyac es un maldito pueblo de secuestradores\u201d, a colaci\u00f3n del secuestro de Gustavo Carrillo, miembro del Partido de la Revoluci\u00f3n Democr\u00e1tica (PRD) . Tal suceso fue muy sonado, dando pie a m\u00faltiples comentarios en la calle y el merendero, espacios en los que se barajaban diversas especulaciones sobre los posibles implicados; sin embargo, no hab\u00eda un perfil espec\u00edfico, sino que cualquiera pod\u00eda caber en la especulaci\u00f3n, desde profesionistas hasta empleados. A veces hab\u00eda gente que se consideraba \u2018sospechosa\u2019 por haber sido particularmente amable con el secuestrado semanas antes del suceso. Nadie en particular, pero potencialmente cualquiera; y as\u00ed es como se navegaba cotidianamente en un mar de incertidumbre.<br \/>\n Pero si uno cuestionaba sobre cu\u00e1ndo comenz\u00f3 a haber secuestros en Atoyac, ah\u00ed emerg\u00edan las odios de clase y antagonismos pol\u00edticos que dieron pie a la guerrilla y la contrainsurgencia: mientras algunos sosten\u00edan que ninguna fortuna en Atoyac estaba exenta de tener vinculaci\u00f3n con alg\u00fan secuestro, ciertos personajes ligados a estructuras del PRI o al sector empresarial m\u00e1s pudiente del municipio ubicaban el inicio de este fen\u00f3meno delictivo en los tiempos de la guerrilla (d\u00e9cada de 1970), afirmando que \u2018los secuestros comenzaron con Lucio Caba\u00f1as\u2019. Dichos personajes caracterizaban al extinto l\u00edder guerrillero como alguien funesto y enteramente responsable del da\u00f1o que el ej\u00e9rcito caus\u00f3 a la poblaci\u00f3n. Por su parte, quienes simpatizaban con movimientos campesinos resaltaban el car\u00e1cter pol\u00edtico de los secuestros realizados por los grupos guerrilleros, denomin\u00e1ndolos \u2018expropiaciones\u2019, con lo que hac\u00edan referencia a que el origen de las fortunas de los secuestrados estaba ligado a la corrupci\u00f3n y la violencia pol\u00edtica. A diferencia del mero bandolerismo social (Hobsbawm, 1985) pre-pol\u00edtico, el objeto del secuestro perpetrado por grupos armados insurgentes era reunir fondos para financiar sus actividades proselitistas y b\u00e9licas (Bellingeri 2006; Castellanos 2007). Dos d\u00e9cadas despu\u00e9s otra etapa de los secuestros con reivindicaciones vinculados con movimientos armados emergi\u00f3 en la segunda mitad de la d\u00e9cada de 1990, a ra\u00edz de la aparici\u00f3n del Ej\u00e9rcito Popular Revolucionario (EPR), y corri\u00f3 paralelamente junto con otras motivaciones del secuestro. Habitantes de El Quemado recordaban que antes de 2010 \u201chab\u00eda encapuchados, pero andaban en el puro monte y no molestaban campesinos\u201d. As\u00ed, el guerrillero-secuestrador se figuraba como quien respetaba a los \u2018pobres\u2019, ten\u00eda motivaciones pol\u00edticas y viv\u00eda en la clandestinidad.<br \/>\n No obstante, otro tipo de secuestradores surgieron en el municipio: los \u2018profesionales\u2019, como eran los miembros de una banda de secuestradores que operaba desde hac\u00eda m\u00e1s de dos d\u00e9cadas en Guerrero, Veracruz, Morelos y Oaxaca, cuyo inter\u00e9s era puramente econ\u00f3mico. Al parecer dicha banda estaba altamente organizada, era \u201cgente integrada, conectada de diversas formas con sus v\u00edctimas\u201d. Y gracias a estas vinculaciones articuladas en diversos niveles jer\u00e1rquicos, pod\u00edan analizar meticulosamente las rutinas de sus v\u00edctimas; los rescates exigidos eran cuantiosos, y hasta 2014 no hab\u00eda sido atrapado alguno de sus miembros, de lo cual se deriva la complicidad de diversos funcionarios y agencias de procuraci\u00f3n de justicia. Adem\u00e1s, los secuestradores profesionales pod\u00edan ser tambi\u00e9n due\u00f1os de negocios o empresas, por lo que algunos se preguntaban en qu\u00e9 medida tales fuentes de ingreso no habr\u00edan sido indirectamente financiadas por sus propias v\u00edctimas. Este fen\u00f3meno ha supuesto que casi todas las familias que poseen propiedades en el primer cuadro de la ciudad y en la colonia Centro hayan sufrido el secuestro de uno o varios de sus miembros. En este sentido, al charlar con otra informante sobre la captura de ocho integrantes oriundos de Atoyac de esa banda en marzo de 2014 , ella coment\u00f3:<br \/>\n [\u2026] eran personas con las que te llevabas, o las saludabas. Una era clienta; otra de ellas viv\u00eda con un primo lejano de mi pap\u00e1. Cuando ocurri\u00f3 eso [la detenci\u00f3n], nos sorprendimos. Quiero pensar que la se\u00f1ora entr\u00f3 en eso porque su esposo le daba buena vida, econ\u00f3micamente estaba bien, pero cuando mataron a su esposo ella se qued\u00f3 mal acostumbrada.<br \/>\n Como se dijo arriba, es notorio que las motivaciones atribuidas a la participaci\u00f3n en este tipo de actividades tendieran a ser m\u00e1s negativas o m\u00e1s esencialistas mientras mayor era la distancia social: ya vimos que ciertos \u2018ma\u00f1osos\u2019 se consideraban esencialmente criminales y sub humanos, pero en este caso parec\u00eda justificable participar de estas actividades por querer mantener un \u2018buen\u2019 estilo de vida. Un punto de mediana coincidencia entre los secuestros de la guerrilla y de los \u2018profesionales\u2019 es la selecci\u00f3n de las v\u00edctimas: ya fuesen conocidos pol\u00edticos-empresarios o miembros de familias acaudaladas del municipio, por lo que los montos exigidos a modo de rescate implicaban cifras de millones de pesos. Ello ha producido la emigraci\u00f3n de muchas de las viejas familias acaudaladas como en el caso de la familia Flores Galeana, que en 2009 padeci\u00f3 el secuestro de dos j\u00f3venes por quienes se exig\u00edan 5 millones de pesos como rescate . En ese contexto, nadie se salva: incluso los \u2018nuevos ricos\u2019 \u2013cuyas fortunas presuntamente eran de dudosa procedencia- se convirtieron tambi\u00e9n en blanco de los secuestros.<br \/>\n Un tercer \u00e1ngulo del fen\u00f3meno del secuestro se hizo m\u00e1s com\u00fan a partir de la primera d\u00e9cada del siglo XXI: los \u2018secuestritos\u2019 realizados por \u2018poquiteros\u2019, que abrieron una etapa de creciente incertidumbre e indeterminaci\u00f3n, dado que los criterios socioecon\u00f3micos operantes en los otros tipos de secuestro dejaron de ser v\u00e1lidos, y parecen ser el s\u00edntoma de una extrema precarizaci\u00f3n de las condiciones materiales de existencia. Tener una fuente fija de ingresos comenz\u00f3 a ser el criterio principal para convertirse en una v\u00edctima de secuestro, ya sea por la v\u00eda de un salario, o por recibir remesas desde Estados Unidos, lo cual ha coincidido con la ca\u00edda de los precios internacionales del caf\u00e9 y de la goma de opio. A partir de 2010 fueron m\u00e1s frecuentes las notas period\u00edsticas relativas a secuestros de empleados de gobierno: profesores o funcionarios p\u00fablicos . As\u00ed, cobra sentido esa frase sobre Atoyac como \u2018pueblo de secuestradores\u2019, lo cual se justifica en la medida en que la emergencia de los \u2018poquiteros\u2019 ha conllevado el aumento considerable de los secuestros, convirti\u00e9ndolos en otra fuente de temor entre los pobladores de todos los estratos socioecon\u00f3micos. Los \u2018poquiteros\u2019 parecen poseer una infraestructura deficiente \u2013carecen de casas de seguridad, o muchos recursos para mantener cautivas a sus v\u00edctimas por un periodo amplio-, por lo cual caer en sus manos implica el riesgo de morir por la falta de pago del rescate, o por ser capaces de reconocer a los victimarios.<br \/>\n Otra caracter\u00edstica de los secuestros realizados por \u2018poquiteros\u2019 es que los montos exigidos como rescate pueden llegar a ascender a un mill\u00f3n de pesos, pero suelen ser menores. Y es que las v\u00edctimas son elegidas por lo que potencialmente pueden reunir sus familiares, lo cual no siempre es cuantioso. As\u00ed ocurri\u00f3 con un informante cuya hija fue secuestrada el 13 de agosto de 2012: de acuerdo con la informaci\u00f3n period\u00edstica, los captores exig\u00edan 350 mil pesos de rescate. La trayectoria pol\u00edtica de mi informante como gestor social podr\u00eda haber hecho suponer a los captores de su hija que \u00e9l reunir\u00eda lo exigido; no bast\u00f3 la solidaridad de sus conocidos, traducida en pr\u00e9stamos y \u2018boteos\u2019 para solicitar apoyo de los vecinos de Atoyac, pues a principios de septiembre ella fue hallada sin vida .<br \/>\n En su narraci\u00f3n, mi informante dej\u00f3 entrever que el secuestrador \u2018poquitero\u2019 puede ser un vecino, el conocido de un pariente, o incluso un pariente, y podr\u00eda ser reconocido por su v\u00edctima, lo cual suele ser la principal raz\u00f3n para que haya un tr\u00e1gico desenlace, como en el caso de un secuestrador que fue detenido en 2002, habiendo asesinado a su primo tras secuestrarlo en 1998 . La posibilidad de ser encarcelados es un poco mayor para los \u2018poquiteros\u2019, pues a lo sumo podr\u00edan ser protegidos por miembros de la polic\u00eda municipal (en mucho, por sus v\u00ednculos interpersonales), pero su capacidad corruptora puede no alcanzar a comprar la protecci\u00f3n de autoridades de mayor rango. Ahora bien, la precariedad socioecon\u00f3mica puede ser el factor determinante para ser encarcelados, como ocurri\u00f3 con los presuntos secuestradores del periodista Leodegario Aguilera, quienes fueron detenidos en septiembre de 2004 y afirmaban haber sido torturados para confesar su responsabilidad; en otros casos ocurr\u00eda lo inverso: en un caso testigos y v\u00edctimas de Atoyac afirmaron que las autoridades ministeriales dejaron libres a quienes ellos se\u00f1alaban como secuestradores, sin mayor investigaci\u00f3n . De esta forma, el car\u00e1cter tan irregular de la actuaci\u00f3n de los agentes estatales juega un papel crucial en la espiral de impunidad e incertidumbre, con el consecuente temor generalizado a ser v\u00edctima de un secuestro.<br \/>\n Una caracter\u00edstica especial de los \u2018poquiteros\u2019, es la tendencia a aceptar cantidades menores a las exigidas inicialmente. Ser secuestrado por poquiteros no necesariamente implica el asesinato de las v\u00edctimas, siempre que se cumplan tres condiciones: 1) que la familia no d\u00e9 parte a las autoridades; 2) que re\u00fana al menos una parte del rescate exigido, y 3) que el secuestrado no los reconozca, como fue el caso de un joven de 19 a\u00f1os que fue liberado cuando su familia reuni\u00f3 150 mil pesos de los 400 mil exigidos por los captores . Esta din\u00e1mica parece indicar que los poquiteros eran personas que viv\u00edan al d\u00eda y sufr\u00edan carest\u00edas econ\u00f3micas similares a las de amplios sectores de la poblaci\u00f3n, que sol\u00eda recurrir a casas de empe\u00f1os y otras formas de endeudamiento ante la constante escasez de moneda circulante. Quiz\u00e1 por ello, seg\u00fan el cronista municipal, la mayor\u00eda de estos secuestros ocurr\u00edan en fechas pr\u00f3ximas a eventos que requer\u00edan gastar fuertes cantidades de dinero para las familias: el inicio de los ciclos escolares \u2013por la inevitable compra de \u00fatiles y uniformes escolares-, o las fiestas decembrinas \u2013con sus consecuentes compras navide\u00f1as y de d\u00eda de \u201cReyes\u201d.<br \/>\n En los cuatro meses de estancia continua en Atoyac (agosto-diciembre de 2014) ocurrieron tres secuestros, aunque s\u00f3lo el de Carrillo dur\u00f3 m\u00e1s de un mes. Las recomendaciones hechas para prevenir un secuestro eran reveladoras del riesgo percibido: descartar horarios, rutas, evitar vestir indumentarias y art\u00edculos personales \u2018de lujo\u2019, desconfiar de los \u2018extra\u00f1os\u2019; en suma, asumir la paranoia como la mejor estrategia de intercambio cotidiano; vivir en la desconfianza generalizada, la alerta y analizar a los otros desde el temor al secuestro. Nadie se salvaba de ser se\u00f1alado como secuestrador, como ilustraba otro caso en torno a una pareja que sufri\u00f3 el secuestro de una hija peque\u00f1a:<br \/>\n El pap\u00e1 de la ni\u00f1a que secuestraron le coment\u00f3 a un familiar m\u00edo (cuando secuestraron a mi primo en junio) que \u00e9l desconfiaba de todos, hasta de su esposa, y resulta que uno de los trabajadores de \u00e9l fue quien puso a la ni\u00f1a para que la secuestraran.<br \/>\n Ah\u00ed se desplegaba en su amplitud m\u00e1s extrema el abrumador efecto de la indeterminaci\u00f3n: podr\u00eda ser cualquiera y ninguno, el vecino, el transe\u00fante, el cliente de la tienda, el taxista, el chofer del transporte p\u00fablico, el empleado del supermercado, el colega de trabajo, un pariente, una madre de familia\u2026 Cualquiera, todos o ninguno; y probablemente ello contribuyera a generar otras estrategias de presentaci\u00f3n del s\u00ed en los espacios p\u00fablicos. Era muy usual escuchar charlas en el transporte p\u00fablico en torno a los endeudamientos y los problemas de salud derivados de la diabetes. Sin menoscabo de la problem\u00e1tica de diabetes que se vive en la entidad , es preciso mencionar que en Atoyac poca gente ostentaba objetos de valor, debido al temor a los secuestros, por lo cual resulta pertinente cuestionar en qu\u00e9 medida hacer tanto hincapi\u00e9 en la enfermedad o la insolvencia econ\u00f3mica era otra estrategia para presentarse como alguien a quien no ten\u00eda caso secuestrar.<br \/>\n Reflexiones finales<br \/>\n Analizar la intersecci\u00f3n o franca yuxtaposici\u00f3n de diversas formas de violencia y los efectos que se producen en las sociedades que la padecen, resulta clave para comprender c\u00f3mo se entretejen las din\u00e1micas de violencia cr\u00f3nica y c\u00f3mo \u00e9stas afectan los sistemas de percepci\u00f3n y representaci\u00f3n del mundo, de los propios y los ajenos, de la justicia, etc. Si bien Atoyac de \u00c1lvarez no es un punto central en la denominada \u2018guerra contra el narcotr\u00e1fico\u2019, no por ello se escapa de sus efectos: entre el a\u00f1o 2000 y 2006 el promedio anual de homicidios en Atoyac denunciados ante el Ministerio P\u00fablico era de 19.28, entre 2007 y 2017, a 10 a\u00f1os de iniciada dicha \u2018guerra\u2019 el promedio aument\u00f3 a 54.7 homicidios anuales (ver Cuadro 2). As\u00ed que los efectos de la \u201cguerra contra el narcotr\u00e1fico\u201d son visibles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin embargo, el cambio de siglo ha tra\u00eddo m\u00faltiples transformaciones que han afectado a todo M\u00e9xico, pero en especial dos grandes procesos se entrecruzan en Atoyac de \u00c1lvarez: por un lado la institucionalizaci\u00f3n de la b\u00fasqueda de verdad y justicia <a href=\"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/panorama-delictivo-municipal-e-imaginarios-en-torno-a-los-delincuentes\/\" class=\"read-more\">Read More &#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15,2160],"tags":[],"class_list":["post-437008","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-essay-paper-writing","category-spanish-essays"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/437008","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=437008"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/437008\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=437008"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=437008"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.benedictsol.com\/blogs\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=437008"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}